A contracorriente II: Orgullo Romaní

El pasado 19 de junio, la asociación Ververipen, de gitanxs por la diversidad, recibía una mención de honor dentro de los premios Pluma 2013, que otorga la Federación Estatal de Lesbianas, Gays Transexuales y Bisexuales (FELGTB) a colectivos, asociaciones y personalidades públicas que trabajan en defensa de los derechos de las personas LGTB.

Sólo unos días antes, el sábado 15, Kurro Cabello, un representante de Ververipen, participaba en un coloquio sobre la diversidad sexual en el pueblo gitano. Fue en el marco del festival de cultura LGTBI de Elche, el Diversa, que en 2013 ha alcanzado su sexta edición.IMG_9788 Cabello estuvo acompañado del secretario general de la asociación Diversitat LGTBI de Alicante, Juan David Santiago, que se define como “gitano gay”, y del también activista y presentador del programa de Radio Jove Elx La acera de enfrente , Víctor Sánchez.

La charla se inicia con una pregunta dirigida al público presente en la Sala Lanart del Centro Cultural L’Escorxador: ¿sabemos lo que es ser gitano?

Efectivamente, el pueblo gitano, también llamado romaní o rom a nivel europeo, está rodeado de un gran desconocimiento y de un gran número de prejuicios por parte de la sociedad ‘paya’ o no gitana.

Si escribimos la palabra “gitano” en el buscador de Internet Google,  aparecen varios vídeos de jóvenes cantando en la calle, enlaces a programas de televisión como Callejeros o Palabra de gitano, y un enlace a la página Frikipedia, que aglutina un conjunto de tópicos sobre esta etnia y burlas hacia la lengua caló, en lo que pretende ser una página “humorística”.

Por otra parte, en esta misma búsqueda también se encuentran referencias en la enciclopedia online Wikipedia, y enlaces a páginas de varias asociaciones como Secretariado Gitano o Unión Romaní.

Entre esta abundancia de informaciones sobre el pueblo gitano…¿cuál es la verdadera identidad de un gitano?

“El ser gitano te lo da el haber nacido en una familia gitana”, explica Juan David Santiago. “Si uno renuncia a su familia, entonces deja de ser gitano a los ojos de la comunidad. A partir de ahí, se construye una identidad cultural asociada a ser gitano que, a veces, se forma incluso antes que la identidad sexual”.VERVE

En este contexto de diferentes identidades entra en juego el concepto de la’ interseccionalidad‘ que explica Santiago: dos o más categorías que sufren algún tipo de estigmatización social, se superponen en una misma persona, condenándole a una múltiple discriminación. Como ejemplos, se puede hablar de las condiciones de género (mujer, varón o intersexual), clase social, discapacidad o nacionalidad…pero también de la etnia y la orientación sexual.

Entonces, ¿ser gitano o gitana y homosexualidad significa estar doblemente discriminado? “A la marginación que padece el pueblo gitano, hay que unirle la homofobia, que se da tanto en payos como en gitanos. Un gitano homosexual que quiera hacer pública su orientación tiene que salir de un armario laberíntico, con millones de recovecos, escaleras y trabas antes de llegar al exterior”, ilustra Santiago.

Sin embargo, asegura que en la discriminación hacia una persona de etnia gitana “influye mucho más el hecho de que viva o no en un ghetto, que su orientación sexual”.

Juan David, “el de los papeles”

A contracorriente I: Con la Iglesia hemos topado

Muchos homosexuales coinciden en señalar que la aceptación de su orientación sexual no fue fácil, que la declaración pública de su opción fue más difícil aún, y que la inclusión plena en una sociedad sin prejuicios ni discriminación todavía está por llegar.

Pero en determinadas comunidades, sea por motivos religiosos, étnicos o ideológicos, el camino a recorrer para disfrutar de una homosexualidad plena se vuelve aún más tortuoso.

En estos contextos difíciles, las personas LGTB cuentan con la orientación y el asesoramiento de asociaciones, fundaciones, foros y portales web. Los responsables de estos grupos de apoyo y ayuda hablan de las luchas más frecuentes a las que, todavía hoy, tienen que enfrentarse.

Lee el primer reportaje de la serie “A contracorriente”:

Con la Iglesia hemos topado

Asilo político y homosexualidad: Perseguidos por ser gays

Aunque la Constitución venezolana prohíbe la discriminación por raza, sexo, condición social u otras variables, los activistas LGTB venezolanos denuncian las persecuciones que sufren por su defensa de los derechos humanos. Esdras y Harly tuvieron que abandonar Venezuela tras recibir amenazas por hacer pública su condición de homosexuales. Ahora residen en Alicante, en un limbo legal a la espera de que el gobierno español apruebe su solicitud de asilo político en el país. 

Esdras Catari y Harly Bustamante son venezolanos, homosexuales y activistas. En su país, colaboraban con varias asociaciones en defensa de los derechos de las personas LGTB. Además, participaban en un programa de radio dirigido a adolescentes y jóvenes homosexuales en el que, cada día, denunciaban un derecho que consideraban que se les estaba vulnerando. asilo 1

Fue entonces cuando empezaron a recibir las primeras amenazas. “Al principio era muy light: un mensaje en Twitter, un comentario en Facebook…”, cuenta Harly. Pero luego empezaron a subir de tono. Les seguían por la calle, conocían todos sus movimientos, sus horarios de trabajo, los recorridos que hacían y también dónde residían sus familiares. Esdras cuenta cómo le asaltaron por la calle para robarle el móvil, pues en la agenda tenía grabados los números de teléfono de varios dirigentes políticos con los que se estaba entrevistando, a fin de llevar a la Asamblea venezolana medidas a favor del colectivo LGTB.

Cuando intentaron denunciar esta persecución, se encontraron con el muro de lo que llaman “homofobia institucionalizada”. “En Venezuela no existe la figura jurídica de los crímenes de odio. Cuando una persona es víctima de una agresión homófoba, las autoridades lo califican como un crimen pasional o un ajuste de cuentas, y dejan de investigarlo. Y en algunos casos incluso te dicen que tú te lo has buscado, por ir diciendo por ahí que eres gay”.

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Memoria histórica: Cuando fuimos ilegales

Federico Armenteros es el presidente de la Fundación 26 de diciembre, una asociación dedicada a las personas mayores que son homosexuales, bisexuales o transexuales. O, como él los llama irónicamente, “las abuelitas que contamos cuentos”. Sus ‘cuentos’, lejos de tener un argumento idílico, repasan la historia reciente de España y hablan de la represión que el franquismo ejerció sobre ellos. Hoy están unidos para lograr que se les reconozca como unos represaliados más por la dictadura de la intolerancia.

La represión contra los homosexuales nació en el mismo momento en que les empezó a llamar como tales. Fue en 1869, cuando por primera vez se puso la etiqueta de homosexual. La palabra apareció en un opúsculo de Karl Kertbeny, un escritor que se oponía a que los homosexuales se introdujeran en el código penal alemán con castigos contra las llamadas “prácticas sodomitas”.

No lo logró, sin embargo. En 1871, la sodomía se definió como “un acto sexual antinatural cometido entre personas de sexo masculino”, y pasó a estar perseguida y castigada en Alemania. Después, sin embargo, hubo allí un cierto momento de liberación sexual y de tolerancia en los cabarets… hasta que llegó la época de Hitler.

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Monumento en Ámsterdam que conmemora a los homosexuales fallecidos durante el Holocausto
y representa el triángulo rosa invertido que utilizaron los nazis para señalarles (foto CC de La Sequencia)

Entre 1933 y 1945, se ha contabilizado que se arrestó a más de cien mil hombres (porque el nazismo desdeñaba la homosexualidad femenina), acusados de ser homosexuales. De esos cien mil detenidos, aproximadamente quince mil fueron a campos de concentración. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, sólo sobrevivieron cuatro mil de ellos. El resto son una parte de las víctimas del Holocausto de las que casi nadie habla.

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La vida en positivo

VIH, SIDA, seropositivo. Antirretrovirales,  ¿vacuna? Prueba, diagnóstico, tratamiento… Son conceptos que tienden a confundirse y a crear una sensación de desconcierto en torno a una enfermedad, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que desde hace décadas ha estado rodeada por el desconocimiento y, también, por el miedo.

Desde el primer caso diagnosticado en el mundo, el SIDA ha cargado con el estigma de ser “una enfermedad marginal”. En los años 80, era conocido como ‘el cáncer rosa’, considerada una enfermedad de homosexuales, lo que dio pie a argumentaciones homófobas.

Con el paso de los años, han sido los propios homosexuales, tengan o no el virus, uno de los grupos más activos en las campañas de prevención, diagnóstico y visibilización de la enfermedad.

En Alicante, una de las asociaciones más combativas en la batalla contra el SIDA es la asociación ciudadana de Alicante por el VIH (ACAVIH). Domingo Molina y Marcela Macheras son sus coordinadores.

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Marcela sale a saludar a la puerta de la cafetería que regenta desde primeros de año. Enciende un cigarrillo y el humo se va perdiendo entre la cortina de agua, que cae sin dar tregua desde primera hora de la mañana. “Hace un día de perros”. Exhala el humo y mira al frente. Al final de la calle, por entre la lluvia, se adivinan los colores de un mural que recorre los laterales de dos de los institutos más antiguos de la ciudad: el IES Jorge Juan, y a su lado, el Miguel Hernández. Los versos de este último, el famoso poeta de Orihuela, están pintados con spray en la pared: “Para la libertad sangro, lucho, pervivo”.

Coordinadores de ACAVIH el Día Internacional de la lucha contra el SIDA

Marcela de luchas sabe un rato. También de sangre. Pero, sobre todo, de vivir, que es aún más difícil que eso de pervivir. Una vez se consume el cigarrillo, nos hace entrar en la cafetería y nos presenta a Domingo. Ambos coordinan la Associació Ciutadana Alacant pel VIH (ACAVIH). Ambos están afectados por el virus. Ambos tienen una paciencia infinita para resolver las dudas que se les plantean, que son muchas, y muchas de ellas vienen del silencio, del desconocimiento y de la ocultación que han rodeado a esta enfermedad durante tantos años.

“Ha existido una engañifa, que era que la enfermedad sólo afectaba a toxicómanos, homosexuales o hemofílicos. Y muchos pensaban que a ellos no les iba a pasar. Se ha considerado una enfermedad marginal…cuando en realidad se trata de una enfermedad de transmisión sexual”, explica Domingo.

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