El color de la lengua I: Entrevista a Félix Rodríguez, autor del Diccionario gay-lésbico

QM: Puñal, mariposón, joto, puto… ¿Hay diferencias significativas en las connotaciones que se le da a cada adjetivo en cada uno de los territorios de habla hispana, o el lenguaje despectivo funciona de forma parecida en los diferentes lugares?

crist gay

FR: La mayoría de las expresiones utilizadas para referirse al homosexual tienen una acusada carga negativa, y esta cualidad es común a todas las zonas de habla hispana como ponen de manifiesto estas voces. Pero las connotaciones son diferentes, pues diferentes son las asociaciones ligadas a su uso por parte de los hablantes, incluso pueden darse diferencias connotativas entre los propios hablantes. Así, la palabra mexicana joto puede tener una connotación marcadamente criminal derivada del origen carcelario que aducen algunos al explicar su etimología, o simplemente la más general de promiscuidad que está presente también en puto; que, por cierto, en este caso alude especialmente al homosexual pasivo. También puñal es tremendamente peyorativa en el español de México, por su alusión a la traición. Más suave resulta, por ambigua, mariposón, que en español puede referirse también al galanteador versátil.

QM: Determinadas personas, especialmente activistas LGTB o feministas, pero cada vez más miembros de determinados grupos sociales o políticos, están utilizando el femenino plural para referirse a una colectividad, en lugar del masculino plural habitual. ¿Cree que este cambio en el género del sustantivo puede realmente traducirse en un cambio en la situación de la mujer con respecto al hombre?

FR: Me parece falsamente progresista esa idea tan difundida hoy entre algunas militantes o activistas del feminismo radical de querer emplear para cualquier referente femenino una forma en –a, revocando el estatuto fuertemente arraigado de términos con terminación en –o, o forma masculina, como género “no marcado”. La cuestión es polémica y está sometida hoy a un encendido debate, alimentado por guías no sexistas elaboradas bajo la inspiración cuando no el dictado de determinadas instancias sociales y políticas de carácter local o autonómico, y que carecen de los conocimientos gramaticales que se presuponen a los profesionales del lenguaje.

Estamos de acuerdo en que la mujer goza aún de invisibilidad en determinados ámbitos de la sociedad, y me parecen de lo más loable los intentos de llegar a una equiparación en sus  derechos con los de los hombres, pero resulta ilógico pretender invalidar el uso del “masculino genérico” de una manera sistemática y extrema. La cuestión encierra muchos aspectos y matices como para  abordarse con simplificaciones.

En determinados contextos, puede ser viable y admisible hablar, por poner un ejemplo gráfico, de “ciudadanos y ciudadanos”, como recurso retórico para abrir un mitin, y en algún caso incluso necesario especificar la referencia al femenino, pero la proliferación de usos de un doble género plural, como emplean a menudo algunos políticos –y de manera especial algunas “políticas” en discursos oficiales–,  resulta de lo más redundante, cacofónico, además de ridículo y de mal gusto, e inviable estilísticamente. Además, el  ser coherentes hasta el final, y sobre todo en el discurso oral y conversacional se me antoja de muy difícil logro.

El hecho puede parecer aún  más ridículo cuando se utilizan adjetivos en función sustantiva. Si se ha de criticar por ejemplo la injusticia a que se ven sometidos los “parados”, ¿habría que añadir “…y las paradas” para que éstas se consideraran incluidas? Y si nos referimos a “los preferentistas” y extremamos la lógica, ¿vamos a pensar que si hipotéticamente habríamos de referirnos solamente a un colectivo de hombres que han sufrido esa condición, deberíamos emplear como forma más idónea “preferentistos”? Resultaría ridículo, ¿verdad?

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QM: ¿Y qué le parece que otras personas, en línea con lo anterior, utilicen símbolos como la @, la equis, o el asterisco para designar a ambos sexos, e incluso a la intersexualidad, en una sola palabra que pretende ser inclusiva?

FR: Por la misma razón, me parece rechazable tal uso, lo mismo que la profusión de los dobletes gramaticales del tipo “los/las estudiantes”, los/las científicos/-as. La arroba o asterisco como signo inclusivo (l@s diputad@s) podría admitirse por su carácter abreviativo en un registro informal, como en un foro de internet, pero de ningún modo en un texto formal o literario. Sería además de lo más antiestético.

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