A contracorriente II: Orgullo Romaní

Juan David, “el de los papeles”

Juan David Santiago es alicantino, del barrio de Juan XXIII, uno de los sectores de la llamada Zona Norte, en la periferia de la ciudad. No es ni mucho menos un barrio chabolista, aunque sí se puede considerar que ha crecido a espaldas de la Alicante guapa y turística del sol, la playa y el paseo marítimo.

En su barrio, a Juan David le conocen como “el de los papeles”. Confiesa que siempre ha trabajado por defender los intereses de la comunidad gitana en la que nació. Después, se convirtió en activista en favor de los derechos LGTB, y pasó a ser el secretario general de la organización alicantina Diversitat, integrada dentro de  FELGTB.

“A los cuatro o cinco años, yo ya sentía que era homosexual. Si a mi compañera del colegio le gustaban los niños, ¿por qué no podían gustarme a mí también? A los quince años me independicé. Mi sexualidad era algo muy normal, muy natural, aceptado por mí mismo. Un día fui a contárselo a mi madre y, antes de que le hablara, me dijo: ‘ya lo sé. Ya lo sé, hijo, pero que no se entere tu padre”.

Juan David está casado, tiene un hijo, pero su padre no se ha enterado de que es gay. “Por supuesto que lo sabe, pero su problema es reconocerlo en público, porque sería como una ofensa”, aclara el secretario de Diversitat.

También ha expuesto públicamente su doble condición de gitano y homosexual, y ha aparecido en varios medios de comunicación. Una de sus últimas intervenciones, en el programa “Palabra de gitano”, motivó que los alumnos del centro educativo en el que trabaja buscasen una foto suya junto a su pareja y se la pusieran de salvapantallas en el ordenador al día siguiente. “Uno de los chavales me dijo en clase: ‘maricón’. Yo le contesté: ‘Monomierda. ¿A que no te gusta que te lo digan?’ Se quedó callado al darse cuenta de que era igual de ofensiva una cosa que la otra”, cuenta.IMG_9796

Juan David indica que “para la sociedad mayoritaria, parece que los pobres no tienen sexo”. Según él, en determinados colectivos que se consideran como ‘marginales’, se obvia la cuestión de la sexualidad y de la orientación sexual, lo que dificulta aún más la afirmación de estas personas.

“No podemos olvidarnos de que esta oleada de homofobia que se vive en Europa, con casos como el de Francia, está relacionada directamente con la romafobia, el odio hacia los gitanos, en ese mismo país. Realmente es difícil ser gitano en una sociedad racista”, señala.

Aunque él ha superado con creces la salida de ese ‘armario laberíntico’ de la comunidad LGTB gitana, afirma que en su casa ha vivido “momentos de tensión, de que se hablara de la homosexualidad y alguien escupiese y dijera que preferiría tener un hijo drogadicto”.

“A veces damos bandazos. Unas veces nos creemos que somos muy gitanos, y otras que somos muy modernos por ser LGTB. Pero no somos modernos: somos gitanos del presente. Aunque todavía existen muchos otros gitanos que consideran que la homosexualidad es una contaminación paya”.

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